Siguiendo con los Relatos sobre La Empresa, esta vez toca otro capitulo, diferente al anterior. Este capitulo se denomina Departamento Ejecutivo y la historia en cuestión, Gula Demoniaca. ¡Espero que lo disfruten!
El Departamento Ejecutivo de La Empresa era un lugar al que escasas personas tenían acceso. No muchos habían visto a El Director personalmente y dudo que alguien quisiera hacerlo. Su Secretaria solamente se comunicaba con ella por teléfono y esto, tampoco era muy a menudo. Casi siempre le pasaba los informes y las noticias por correo electrónico. El Director no era muy partidaria de las comunicaciones telefónicas ni siquiera, de las relaciones personales. Pensándolo mejor, desde que estaba trabajando en su puesto, sólo había visto entrar a un hombre y lo hacía una vez al año, el mismo día, a la misma hora. Secretaria presenciaba la llegada de El Señor, desde hace seis años. Era un hombre común, alto, de traje, camisa , corbata y maletín. Rostro frío, sin restos de barba, pelo corto, el típico empresario ejecutivo de Wall Street. Venia el primer martes de todos los noviembres, a las 10 horas. Y se iba a las 13 horas, ni un minuto mas, ni un minuto menos.
Muchos empleados decían que se trataba del único socio del extranjero, que podía venir en persona a La Empresa. La gran mayoría, se conectaba por otros medios. Algunos decían que El Señor se llamaba Pedro, Ernesto, Juan o Manuel. Pero todos acordaban en decirle El Señor, recalcando el “EL”. Sólo Dios y algún intrépido insecto sabrían de qué hablaban El Señor y La Directora; el resto, nada sabia. Por lo general, luego de sus visitas había un periodo de extraña felicidad, la gente de Relaciones Personales se tornaba más permisiva en cuanto a las llegadas tarde (a pesar de los recientes accidentes), los de Informática trabajaban más eficientemente (aunque hoy en día tengan un empleado menos), los Obreros de Mantenimiento no se quejaban (olvidando, claro, aquella extraña masacre). Luego, todo volvía a la normalidad, hasta la visita de El Señor.
Este año, como siempre, El Señor vino a horario. Se presentó, preguntó por El Director y Secretaria le dijo que prosiga, que él lo estaba esperando. Saludó a la muchacha y se acercó a la puerta. La abrió con cuidado, intentando tapar el pequeño ángulo de visión, para que no se pudiera ver nada (aunque para ser sinceros, no se escapaba mucha luz). Entró de costado y cerró la puerta.
Sus ropas se consumieron en llamas, como si de una mecha se tratara. Debajo de esas vestimentas, el cuerpo rojo de Lucifer se lucía sin ningún pavor. Su portafolio era lo único que seguía intacto; para tapar sus partes íntimas usaba un taparrabo simple, emulando a un Tarzan perdido en la selva. Su cola sobresalía y se movía al son de sus pasos, ahora media mas de dos metros y medio y su cuerpo era el de un típico deportista.
La oficina no era muy grande, una sola luz y un escritorio, muy atípicos por cierto. Una extraña vela que parecía no apagarse y un escritorio etéreo, en constante movimiento.Se trataba de una nube gaseosa grisácea, con forma de escritorio que se encontraba en constante movimiento interno. Los cajones pasaban a ser las patas y las patas se movían hacia la parte superior en lo que parecía un baile interminable. Lo interesante es que, si bien uno podía atravesarlo con solo caminar sobre él, seguía cumpliendo su rol de escritorio, ya que se encontraba repleto de objetos, papeles, libros y decenas de frascos . Detrás de esa “nada”, otro demonio. Pero este no era muy atlético que digamos, tenia el cuerpo de un hombre de 60 años que se negaba a comer si no tenia una cerveza en la mesa. Si no fuera por el traje empresarial, podríamos decir que se trataba de un típico camionero:poseía el estomago enorme y redondo de los transportistas que se ven en cualquier película americana. Lo extraño es que Mefistofeles no era un gran carnívoro, ni mucho menos alcohólico.
Cuando Lucifer se fue acercando, una camino de fuego fue marcando sus pasos. “Mierda siempre me olvido de ese problema”, pensó.
-¡Idiota! Tené mas cuidado, siempre arruinándome la oficina-gritó Mefistofeles
-Claro me olvidaba de que tu oficina tiene que estar impecable para todas tus visitas. Lástima que “todas” sea sólo yo y a mi no me importa un carajo que se prenda fuego-dijo riéndose, mientras pisaba mas de lo necesario, generando más fuego.
-Siempre tan estúpido, acá no estamos en el infierno-masculló enojado.
-Veo que estuviste ocupado…comiendo
-Que gracioso que amanecimos hoy ehh. ¿Hay algo más interesante que hacer acá?
-Si, obviamente. Recolectar las almas, por ejemplo. ¿te suena ese trabajito?-
-Si, me sientan muy bien- solto una enorme carcajada, mientras se miraba y tocaba la barriga. Muchos empleados se asustaron cuando la oyeron. En algunas oficinas, algunas cosas se movieron y cayeron. Algunos dijeron que fue un pequeño terremoto, otros, simplemente hicieron la vista gorda.
Lucifer permaneció mirándolo, serio. Mefistofeles paró su risotada y también se quedó serio. Lucifer abrió su portafolios, saco sus papeles y se colocó sus lentes.
-Según los informes del Registro Nacional de Condenados, la cantidad de ingresantes de tu distrito disminuyo, mientras que tu peso creció, excediéndose de los limites permitidos por la Asociación de Bienestar Demoníaco.
-¡Esas son puras mentiras!-dijo enfurecido
Lucifer prosiguió, sin cambiar su rostro
-Todos los años vengo aquí a buscar las almas que recolectas. Y cada vez son menos. Primero pensé que tal vez, sería la medicina que mejoró bastante. ¡Que tipo tan estúpido! Me creí esa mentira para no creer en tu ineptitud y tu vicio.Con la creación del Departamento de Neoviolencia, la recaudación de almas creció exponencialmente en todos lados. ¡Y yo, creyendo en la medicina! ¡A veces soy tan, tan estúpido! O será que sos uno de los mas antiguos lugartenientes que tengo y no podía desconfiar de vos. ¡Medicina! Puf, todavía lo pienso y me dan ganas de no se, pedirle perdón al barbudo. Ahh, el barbudo. Ni te imaginás las quejas que recibo de él. Y tiene razón. Extrañamente llegan al Infierno Almas Limpias, provenientes de tu distrito. ¿Sabés el enorme papelerío que tenemos que realizar para devolverlos a su lugar? ¿Tenes alguna explicación para eso?. Y volviendo al tema, sé que nos estas robando almas y sabés como es la política con eso. Necesito que nos devuelvas las mil quinientas almas que nos robaste. Y tiene que ser YA-el tono del “ya” fue bastante violento- ¡Medicina! ¡Por todos los demonios! ¿En que estaba pensando?.
-No va a ser posible- esa frase sonó con tanta seguridad, que el Lucifer se quedó perplejo.
-¿Perdón?- le pareció oír algo, pero no estaba seguro.
-Lo lamento, pero siempre lo supiste. Soy un adicto a las almas. Y vos me pusiste en esta posición. Yo, el encargado de juntar almas. ¡Por favor! Es TU culpa.
Lucifer seguía con su misma cara, pétrea, inmóvil. Ni parpadeaba. Cucaracha Junior, que estaba mirando todo, no podía creerlo. Allí mismo, estaba el Príncipe de las Tinieblas, junto con uno de sus lugartenientes, Mefistofeles, El Capturador de Almas. A este último lo veía muy seguido, su cuarto estaba lleno de inmundicia. Por las noches, cuando todos se iban, él salia en busca de víctimas, inocentes o no. Algunas, las devoraba enteras. Y eso que era un tipo bastante petizo, media un metro sesenta, siendo de contextura mediana. Y sin embargo, devoraba violadores que median 2 metros, pedófilos obesos, asesinos seriales y toda la mugre de la sociedad. Mientras que a los inocentes, los guardaba en frasco pequeños. Enteritos, pero los conservaba. Y Cucaracha Junior comía los restos que llegaba a rescatar. No se impresionó demasiado con el aspecto de Lucifer, era el mismo hombre de saco y corbata, pero mas alto, con cola y de color rojo. Bueno,si, tenia esa mirada.
-¿Me estas diciendo que te comiste todas las almas?-su cara seguía siendo la misma.
-Sí, lo sabés. Tengo un problema, siempre lo supiste y nunca me ayudaste-al pronunciar esto, parecía estar a punto de quebrar en llanto.
-Ya sabés el dicho, a llorarle al barbudo. Pero tenemos un asunto complicado con las almas faltantes. Veo que estás pesando unos ciento veinte kilogramos. Cuando el número de almas comenzó a descender, pesabas sesenta y cinco kilogramos. No soy muy bueno en matemáticas, pero la relación entre las almas que nos debes y el peso que aumentaste es notoria. Por suerte, las podemos recuperar- dijo, mientras una sonrisa gigante mostraba una hilera de dientes de oro.
-Que bueno que podamos solucio…
En menos de medio segundo, Lucifer había hecho aparecer su gigantesco tridente, con el cual atravesó el estomago de Mefistofeles.El rostro de este quedo petrificado, sus ojos estuvieron muy cerca de salir de sus orbitas. De su boca comenzó a emanar una sangre espesa, casi coagulada y de color verdoso. Lucifer retorcía el tridente por todo el estómago, hinchado de almas. Pero de allí no salia sangre, sino gases azules que comenzaron a revolotear por todo el cuarto, gritando, llorando, riendo y cantando. Secretaria salto de su silla, al sentir un grito en su oreja y un frío por todo el cuerpo. Le pareció ver algo azul-plateado revolotear por sus piernas e intentar abrirse camino por su falda. Pero cuando miro de nuevo, ya no estaba ahí.
Lucifer las atrapo enseguida a todas, en su Frasco de Almas. Con solo sacarlo, todas sintieron la necesidad de entrar en ese pequeño objeto. “Que bueno soy haciendo mi trabajo”, pensó. Reviso el etéreo escritorio y diviso los Frascos de Almas. Todas de color blanca, almas puras si las hay. “Maldita sea, otro juicio contra el barbudo.” Tenia que deshacerse de ese frasco, de alguna manera. Y si podía ahorrarse los tribunales, seria fabuloso. Algo se le ocurriría. Mientras, debería pensar en un reemplazante. Y por todos los demonios, hacer algo con ese cadáver. Pero, pensándolo mejor seria buen alimento para las cucarachas. Y sí que lo fue. Reemplazante, eso es lo que necesitaba. Todo el maldito distrito era un caos y encima la gente de confianza no crecía en los pantanos de magma del Infierno. Las cosas cambiarían a partir de ahora. Miro el etéreo escritorio y vio algo que le causo mucha gracia. Una placa de ejecutivo, que decía: “Mefistofeles, Recaudador de Almas de Campana”. ¡Maldito hijo de puta!. Devorador de almas, quería decir. Medicina… ¡Por favor! Aparto el cadáver del escritorio, lo empujo hacia la esquina e hizo desaparecer un poco del enchastre que causo. Se sentó en la gran silla, apoyo las piernas en el escritorio y de pronto, la placa decía: “Lucifer, Recaudador de Almas de Campana”. No era mala idea, sería como volver a sus orígenes. O unas mini vacaciones, hasta que encuentre alguien de confianza. Sí, se quedaría un tiempo. Pero todo seria distinto. Mientras tanto, envío a su doble etéreo a que salga de la oficina y salude a Secretaria. Escondió el cuerpo en una de las paredes, limpio un poco el desorden y uso el intercomunicador.
-Secretaria, traigame un café- dijo una sensual voz
Secretaria estaba absorta en sus pensamientos, navegando mentalmente por el Río Uruguay cuando esa oyó esa orden. Sintió que un Tsunami hundía su embarcación, ahogándose en las calmas aguas, cuando recordó que estaba durmiendo. Salto de su silla, asustada.
-¿Perdón?- pregunto con miedo
- Querida, quiero un café. Doble y sin azúcar, como me gusta a mi.
-Ahora se lo traigo- dijo ella, bastante confundida.
¿Como le gusta a él?
Cucaracha Junior vivió una buena vida comiendo los restos Mefistofeles. Tuvo muchos hijos y siempre les contó la historia de cómo Lucifer se De mencarga de los trabajadores que no cumplen con su tarea. Sus hijas y nietas le preguntaron cómo es que las almas no fueron digeridas por el gran estómago de Mefistofeles. Y Cucaracha Junior, que poseía la sabiduría de miles de años de antepasados, le decía siempre lo mismo: las almas son etéreas y no pueden ser devoradas, por eso el hambre de Mefistofeles era eterna. Y por eso Lucifer las ansia tanto, las necesita tanto porque nunca puede terminar de saborearlas. Ni siquiera Jesucristo y Dios están a salvo. Todos están hambrientos de almas, pero estas son, digamos… incomibles. Como los caramelos media hora.
KNOCK KNOCK KNOCK!. Golpean las puertas del cielo
-¡El cielo esta cerrado a esta hora!. ¡Espere hasta mañana!- grito San Pedro
KNOCK KNOCK KNOCK!
-¡Que esta cerrado, hombre!-
KNOCK KNOCK KNOCK!. Esta vez, no eran golpes, sino patadas.
-¡Ahora vas a ver!- dijo furioso San Pedro, mientras abría la puerta y veía una estela de fuego. A lo lejos, una figura apenas perceptible. Y en el suelo, un Frasco de Almas.
“Esta vez la saque barata”, pensó Lucifer mientras corría nuevamente a su flamante oficina en La Empresa.
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PD: Es probable que hayan errores (u horrores) de ortografía. Sepan disculparme, esto sigue siendo un borrador. E igualmente, me gustaría que me corrijan!.


Jajaja, me mató el humor del cuento XD. Ese dejo humorístico que tiene de fondo le queda genial, aunque fijate que tenés un lio de generos en el texto. Pasaste de el a ella, de nuevo a el, ella, el y así.
Que bueno! No pensé que nunca iba a generar cierto “humor”. Es cierto lo de los géneros. En principio, cuando lo escribí, era “La directora”. Después al desarrollarlo y aparecer Mefistofeles, me di cuenta que lo de ella quedaba atrás. Así que cambie solo el La directora por “El Director” y habrán quedado muchos errores dando vuelta