Un día de lluvia, como tantos otros. Un día de lluvia y con colas inmensas de tráfico. Un día demasiado normal y vulgar. Un muerto en la autopista hace enojar a todos los automovilistas. ¡Llegar tarde al trabajo es igual a morir, pero mucho mas doloroso. Es una muerte lenta, masoquista y necesaria.
Un muerto en la autopista y miles de autos pintados de rojo furioso. Al costado de la banquina, con los pocos sesos que quedan en su cráneo. Una pierna yace en alguna parte tratando de volver a su lugar de origen pero un can se toma el trabajo de que esta tarea no se lleve a cabo. El muerto sigue ahí, esperando a que alguien haga oficial su condición.
Los autos se ponen más rojos y el cielo mismo comienza a enfurecerse por las blasfemias que produce la gente. ¡Para esas cosas si que estas atento! El aguacero de la venganza es inminente, aunque las consecuencias no son las esperadas: la muchedumbre se inquieta aun mas al ver y sentir la ira del barbas.
El cadáver sigue allí, ahora su masa encefálica se esparce con la lluvia y se mezcla de lleno con el asfalto, con las llantas de los autos, con las suelas de los zapatos y con cada cosa que este al alcance. Las células de la sangre son desparramadas por los surcos de la ruta y se untan en todos los autos de aquella extraña procesión.
Algunos salen de sus coches y comienzan a averiguar que esta sucediendo: dicen que un ladrón choco; otros cuentan que era un pibe en moto y sin casco, los mas extremistas hablan de un negro mas que no sabe manejar. Todos coinciden en insultar a su suerte, a Dios y a sus suegras. Por suerte, el único que tuvo derecho a replica fue el barbas.
Desde el firmamento comenzó a insultar a quien murió, causante de todas las injurias que ahora le afligían. “Ni siquiera me acuerdo de haberlo creado. Para mi que es un operativo de Lucifer contra nosotros”, le comento a Jesús. Así es, seguro era obra del Diablo y había que contraatacar. “Acción directa contra los golpistas Señor”, exclamaban los ángeles mas extremistas.
En la Tierra, un cadáver seguía pudriéndose y esparciendo su materia por todos lados. Los automovilistas, hartos de esperar comenzaron a inquietarse. Bocinazos, insultos y agravios comenzaron a florecer. Y la lluvia que no paraba. Alguien grito: “Dios y la puta madre que te re mil pario”. El barbas se estremeció cuando oyó que ese insulto era repetido sin parar. “No.NO. Con mamá, NO. Ahora si, que los salve Noe”
Un cadáver se esparcía por toda la Panamericana y todos los autos tenían algo de ese muerto. El cielo se preparaba para la guerra. En la ruta crecían los insultos y la ira.¡Maldito cadáver, maldito Dios y maldita toda la creación! Malditos los muertos que se meten en la vida de los vivos y malditos los dioses que no controlan a sus muertos.
Un cadáver buscaba paz, un cadáver se esparcía por todos lados, un cadáver los tocaba a todos en las suelas, en las llantas y en los labios. Un cadáver con la lluvia se esparcía. Un automovilista se tropezó con una pierna de un cadáver que buscaba paz. Otro tropezó con un ojo, otros con sus dedos, algunos bebieron su sangre y soñaron su muerte en la autopista, mientras buscaban paz.
Todos comenzaron a asesinarse con lo que tenían a mano: antenas, crickets, gatos hidráulicos, ruedas de repuesto. O simplemente con sus puños inyectados en ira, en busca de paz. Entre todos se fueron matando sin ton ni son: el lema era todos contra todos, vale todo. ¿Romper la cabeza contra el asfalto? Si ¿Arrojarse contra el parabrisas para cortar el cuello de sus victimas? Si. Todo permitido
Mientras Dios atacaba el Infierno, la matanza en la Panamericana llevaba cientos de muertos. Mientras Dios volvía derrotado se encontró con varios locos en el purgatorio que gritaban PAZ en todos los idiomas conocidos o no. Mientras Dios entraba en el cielo, un cadáver encontró la paz, mientras cientos de ellos gritaban piedad.
Si encuentran algún error de ortografía, sepan disculparme.

